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Teoria del Valor

TEORIA OBJETIVA DEL VALOR

Este paradigma socioeconómico subraya la relevancia que tiene el trabajo como fundamento de los procesos económicos y, por lo tanto, de las relaciones que establecen los actores sociales entre sí y la naturaleza, con la finalidad de apropiarse del plustrabajo. La acumulación de capitales, se busca de todas maneras. Procurando bajar los costos, reduciendo los salarios, extendiendo la jornada de trabajo (plusvalía absoluta), utilizando alta tecnología (plusvalía relativa) y extrayendo al máximo los recursos que la naturaleza suministra. La sistematización de conceptos de este modelo se sustenta en la teoría del valor cuyos primeros pensadores fueron David Ricardo y Adam Smith, superados posteriormente por Carlos Marx y Federico Engels.

La teoría del valor explica la crisis socioambiental, que involucra a toda la humanidad, como consecuencia de los modelos de desarrollo y de acumulación de capitales. Con respecto al modelo globalizado de economía y su relación con la naturaleza, dice James O´Connor lo siguiente:

“(…) el capitalismo es un sistema auto expansivo de crecimiento económico. Su meta es el crecimiento sin límites, el dinero en busca de más dinero. El medio de la expansión, y al mismo tiempo su meta, es la utilidad. Toda institución y práctica cultural capitalista se organiza para obtener utilidad y acumular capital. El crecimiento económico se ve también como el gran solvente social, como la “solución” a la pobreza, el desempleo, la distribución desigual de las riquezas y del ingreso. Los nuevos impuestos recaudados vienen de la acumulación de capital, así que pocos políticos se atreven a oponerse a la autoexpansión del mismo. Las compañías que no se orientan al crecimiento son severamente castigadas por los banqueros, el mercado accionario y los competidores. Los trabajadores que no quieren o no pueden cambiar de habilidades y lugar de residencia de acuerdo con la lógica de acumulación se quedan atrás, desempleados en el mejor de los casos, sin hogar o encarcelados…” (O´Connor, 1998: 27)

Es este modelo societario que se va expandiendo y subordina directamente la mano de obra, mano de obra antes campesina, hoy asalariada; la naturaleza antes libre y con un uso armónico, hoy artificializada. Rompe el tiempo de la naturaleza (lunas, mareas) e impone el tiempo del reloj, que, actualmente, se valoriza en dinero.

Es esa hegemonía del capital sobre todas las cosas, lo que genera la actual crisis ecológica. El afán de lucro a toda costa, es la razón directa de los procesos de destrucción de la naturaleza, a tal grado que cuestiona la propia reproducción del capital en un futuro. Kart Polanyi dice:

“Todos los tipos de sociedad están sometidos a factores económicos. Pero únicamente la civilización del siglo XIX fue económica en un sentido diferente y específico, ya que optó por fundarse sobre un móvil, el de la ganancia, cuya validez es muy raramente conocida en la historia de as sociedades humanas. De hecho nunca con anterioridad este rasgo había sido elevado a rango e justificación de la acción y el comportamiento de la vida cotidiana.” (Polanyi, 1985: 65-66)

Desde el punto de vista marxista la crisis socioambiental que vive el planeta, y se manifiesta en la República de Panamá, es la crisis del modelo de acumulación. Lo que llamamos hoy naturaleza es el resultado de la relación de los seres humanos con su ambiente, variables que se relacionan dialécticamente, y en estos momentos de desarrollo socio-tecnológico, la naturaleza se convierte en una naturaleza específicamente capitalista, naturaleza intervenida, donde se cosifica y se le pone precio a algo que no fue creado por el hombre. Enrique Leff resume categóricamente la racionalidad sistémica subyacente en el modelo capitalista.

“La racionalidad económica dominante se caracteriza por el desajuste entre las formas y ritmos de extracción, la explotación y transformación de los recursos naturales y las condiciones ecológicas para su conservación, regeneración y aprovechamiento sustentable. La aceleración de los ritmos de rotación del capital y la capitalización de la renta del suelo para maximizar las ganancias o los excedentes económicos en el corto plazo ha generado una creciente presión sobre el medio ambiente. Esta racionalidad económica ha estado asociada con patrones tecnológicos que tienden a uniformar los cultivos y reducir la biodiversidad. De esta manera, la transformación de ecosistemas complejos en pastizales o en campos de monocultivos ha conducido a una sobreexplotación del suelo, basada en insumos industriales y energéticos crecientes y cuya productividad (sobre todo en los ecosistemas tropicales) declina rápidamente.” (Leff, 2001: 102-103)

A continuación desarrollamos conceptos relacionados con la teoría marxista, los cuales permitirán entender hechos sociales que en apariencia son simples, mas son fuente de graves contradicciones económicas y sociales.

Forma no valor: El productor es aun dueño de sus medios de producción; no necesita vender su fuerza de trabajo ya que subsiste sin venderla; él decide vender su fuerza de trabajo cuando no tiene los medios de producción o cuando el salario pagado es considerablemente superior a sus entradas netas. El sistema capitalista, que hegemoniza la formación social panameña, trata de dominar los recursos naturales y la producción de los productores directos por medio del mercado, sí puede y es necesario, a través de la expropiación de sus tierras por medios económicos o políticas administrativas. Las regiones donde predomina la forma no valor, a nivel sistémico son área de reservas de trabajo, de recursos naturales y consumidores de mercancías.

El consumo de mercancías es la primera forma de contacto del modo de producción hegemónico con los productores agropecuarios, no insertos directamente en la lógica del mercado, posteriormente, el endeudamiento los hace más vulnerables, sobre todo para consumir mercancías no producidas por sus economías locales.

Entonces el campesino es su propio patrón, trabaja sus parcelas de forma tal que transfiere valor cuando vende sus productos excedentes en el mercado, aun cuando su producción sea pequeña. Es un intercambio de valores no equivalentes. El campesinado se encuentra subsumido en forma indirecta dentro del modo de producción hegemónico.

Forma valor: El trabajador es separado de sus condiciones objetivas de reproducción y su trabajo esta subsumido directamente por el capital. Las estructuras sociales que sustentan las formas no-valor deben ser destruidas o adaptadas para dar paso a la forma valor o forma capitalista. La crisis del agro tiene como causa la transformación de las formas de producción precapitalistas por las formas capitalistas de producción y/o la articulación de las formas precapitalistas dentro del modo de producción hegemónico.

Externalidades: es la influencia que tiene la acción de una persona o empresa en el bienestar de otras. Las externalidades pueden ser positivas o negativas. Con respecto al ambiente, las unidades productivas normalmente han externalizado sus costos ambientales, tomando de la naturaleza las materias primas y haciéndola receptáculo de sus desechos.

TEORIA SUBJETIVA DEL VALOR

Los defensores de la teoría del valor objetivo sostienen que el valor de una mercancía proviene de alguna cualidad objetiva como la cantidad de trabajo invertida en ella o los gastos incurridos en su fabricación.

Sin embargo, dice Tomás en su comentario a la Ética Nicomaquea de Aristóteles: las cosas derivan su valor de la “necesidad que tienen los hombres de las mismas”. En términos modernos, de su valor de uso.

Y aquí debemos prestar especial atención al concepto de “necesidad”.

La necesidad es, desde luego, relativa al sujeto. Cada cual, dadas sus características particulares, tendrá necesidades diferentes.

Así, Tomás reconoce que el sujeto es el más indicado para apreciar qué productos satisfacen mejor sus necesidades. De esta forma, en principio, podríamos afirmar que el precio justo de una mercancía es aquel que el consumidor esté dispuesto a pagar.

Sin embargo, esta afirmación debe ser matizada. El hecho de que la necesidad sea relativa no significa que deba ser relativista. El valor de una mercancía no puede fijarse según cualquier gusto o deseo caprichoso.

Según Tomás, la fijación del valor (y aquí está el punto clave) debe realizarse de acuerdo a un sentido de justicia, que reconozca cierto patrón objetivo dentro de la subjetividad propia de las preferencias humanas.

Hay un elemento objetivo en las necesidades humanas que debe servir como guía ética para las formaciones de precios, más allá de los factores puramente subjetivos.

De esta forma, en Tomás encontramos una especie de criterio de objetividad subjetiva (o subjetividad objetiva) para determinar el precio justo de un bien.

Ahora bien, ¿cuál ha sido la influencia de la teoría del valor de Tomás de Aquino?

Si revisamos la historia moderna del pensamiento económico, descubrimos que esta posición ha ejercido notable influencia por más de 600 años.

Aún en la primera mitad del siglo XX, los teóricos marginalistas (que sentaron las bases de la moderna ciencia económica) aceptaban muchos de los principios tomistas.

Carl Menger, fundador de la escuela austríaca, distinguía entre necesidades reales e imaginarias.

El italiano Wilfredo Pareto distinguía entre la utilidad (referida a una característica objetiva de los bienes) y la “ofelimidad” (la valoración o aspecto subjetivo). Así, en el enfoque de Pareto, la existencia de cosas necesarias y superfluas brindaba un criterio económico de valoración.

Sin embargo, la larga tradición que unía la economía y la ética se quiebra con el economista inglés Lionel Robbins, creador de la célebre definición: la economía es la ciencia que estudia la asignación óptima de medios escasos a fines múltiples y subjetivos dados.

En su “Ensayo sobre la Naturaleza y Significación de la Ciencia Económica” (1932), Robbins redefine la economía: de ser la ciencia de la riqueza pasa a ser la ciencia de la escasez.

En este enfoque, los fines de los individuos son radicalmente subjetivos y están dados. Así, quedan fuera del campo de estudio de la economía.

Desde el aporte de Robbins, los economistas se han desligado de la incómoda tarea de determinar qué es realmente necesario y qué es pura necesidad imaginaria.

Así, podríamos decir que Robbins establece un punto de inflexión en la historia de la teoría subjetiva del valor.

Antes, era una teoría subjetiva. Después, se convirtió en una teoría subjetivista. Lo subjetivo se ajusta a la realidad humana. Lo subjetivista, por el contrario, se deja guiar por la imaginación (la “loca de la casa”, según Santa Teresa).

Y esta “loca de la casa”, nos marea y nos conduce a las burbujas y errores de valuación de los que nos arrepentimos a la hora de la crisis.

 

REFERENCIAS:

http://www.eumed.net/libros/2007b/284/11.htm

http://www.materiabiz.com/mbz/gurues.vsp?nid=39163

 

Valor

Precio y Valor

Valor y precio son dos palabras que muchas veces se intercambian pero tienen sentidos muy diferentes. El valor se refiere al beneficio que uno recibe de algo. El precio se refiere a cuánto cuesta comprarlo.

En un mundo perfecto, el precio de algo siempre reflejaría su valor para el comprador, pero casi nunca es así. Muchas personas solo se fijan en el precio de algo y en base a eso toman la decisión de comprar. En realidad tienes que fijarte también en el valor. Si ese valor (el beneficio para nosotros) es mayor al precio, es una buena compra. Pero si no, no es una buena compra, no importa el precio.

Por eso antes de comprar cualquier cosa, tenemos que tener claro cuál es el beneficio personal de tenerlo.  Por ejemplo, si una tienda ofrece a precio rebajado un juego de cazuelas que normalmente tienen un precio de $400 en solo $100, cualquiera diría que es una ganga y se debe comprar inmediatamente. Pero si ya tienes tres juegos de cazuelas en casa y solo usas uno, entonces realmente no tiene valor para ti tener un juego más. Comprar el juego, aunque sea a un descuento del 75% como doy en este ejemplo, sería botar el dinero. Es mejor usar esos $100 para algo que realmente te va a beneficiar. Este concepto se puede aplicar a todo, incluso a cosas más importantes que las cazuelas.

Al momento de contratar a un profesional, ya sea un contador, abogado de inmigración o asesor financiero, los que realmente son expertos y conocen su campo por lo general cobran un precio que muchos consideran alto. Pero si el resultado de esa asesoría es que tomas decisiones correctas que evitan problemas con el IRS, o puedes permanecer en el país o evitas un error financiero que te puede costar muchos miles de dólares, el valor que recibiste a cambio de lo que pagaste justifica el precio.

Pero si solo te fijas en el precio y optas por un consejero que ofrece un precio muy bajo pero no conoce su campo, las malas decisiones que tomes (porque te dieron malos consejos) pueden salirte realmente caras y a veces no se pueden corregir.

Esto no quiere decir que los que cobran un precio alto siempre son buenos o verdaderos expertos sino que tienes que ver mas allá de solamente el costo para saber si vale la pena o no.

Esta forma de pensar –comparar siempre el precio y el valor antes de gastar dinero– es una característica que comparten las personas que han hecho grandes fortunas.

Valor

¿Cómo le hacen las personas para tomar sus decisiones de compra?

La respuesta no es muy sencilla de dar; sin embargo, algunos expertos en la materia afirman que la mayoría de personas basan sus decisiones de compra en “sus percepciones acerca del valor que proporcionan los distintos productos o servicios” [1]; lo cual, supera la barrera del precio más bajo o de mayor calidad.

Por ese motivo, en la actualidad se viene divulgando con mucha acertividad que las empresas exitosas no entregan productos a cambio de una ganancia, sino mas bien: Valor a cambio de una utilidad [2].

¿Cómo Perciben los Clientes el Valor de un Producto o Servicio?

Los clientes, en su gran mayoría, perciben el “valor” de un producto o servicio poniendo dos cosas en la balanza:

Por un lado: Todos los beneficios que obtienen al poseer o usar un producto o servicio.

Y por otro: El precio o todos los costos que implica su adquisición, consumo o utilización.

La diferencia de esta operación (beneficio menos precio), llega a representar el “valor” que percibe el cliente; el cual, es comparado con las otras ofertas existentes en el mercado.

Para comprender mejor esta afirmación, recordemos una fórmula (básica) que utilizan los departamentos de contabilidad para determinar si la empresa gana o pierde dinero al realizar una operación:

Ingresos totales – Costos totales = Utilidad para la empresa

De manera parecida, la mayoría de clientes realizan una operación (consciente o inconsciente, racional o irracional) para determinar si ganan o pierden al realizar una compra, utilizando la siguiente fórmula:

Beneficios Totales – Costos Totales = Utilidad para el cliente (valor)

Como es de suponer, el cliente se inclinará por la marca que le otorgue el mayor margen de utilidad (valor), dejando de lado las opciones que ofrecen los otros competidores.

Un detalle muy importante dentro de este análisis, es que la percepción acerca de los “beneficios” que ofrece un producto o servicio varía de cliente a cliente. Por ejemplo, algunos le pondrán más énfasis a los beneficios funcionales, como ser: tamaño, peso, forma, facilidad de uso, durabilidad, etc… Otros, se inclinarán más hacia los beneficios estéticos, por ejemplo: Cuán atractivo es el producto, cuán simpáticas son las personas que dan el servicio, etc… También, habrá otro grupo que se incline mas por los beneficios psicológicos, como ser: Tranquilidad, seguridad, autoestima, aceptación, sentido de pertenencia, etc… [3]. Otro grupo de personas se inclinarán más hacia los beneficios basados en los servicios que se ofrecen como un plus, por ejemplo: Capacitación, garantías, mantenimientos, actualizaciones, etc…

De igual manera, el factor “precio” no se refiere únicamente al precio de lista o de oferta que tiene un producto o servicio, sino que implica varios aspectos adicionales, tal y como lo observó Adam Smith hace más de 200 años: “El precio real de algo es la maraña de dificultades para adquirirlo”. Por tanto, el costo total o el precio real para el consumidor implica por lo general, lo siguiente: el precio monetario, el costo del tiempo que se emplea para tomar una decisión, el costo psicológico y el costo de la energía o del esfuerzo [2].

Ahora, considerando el contexto actual basado en la entrega de valor, se plantean las siguientes premisas para las “empresas inteligentes”:

  • 1ro. Determinar el conjunto de beneficios que oferta la empresa: Producto, servicios, personal, imagen, etc…
  • 2do. Determinar el precio real o costo total de cada producto o servicio: Precio monetario, costo del tiempo, costo psicológico y costo de energía.
  • 3ro. Determinar (mediante una investigación de mercados) como perciben los clientes actuales y potenciales el valor de cada producto o servicio (de los que oferta la empresa y la competencia).
  • 4to. Comparar el “valor percibido por el cliente” de los productos o servicios que ofrece la empresa con los que ofrece la competencia.
  • 5to. Si la empresa se encuentra en desventaja, tiene tres alternativas para remontar esa situación: A) Incrementar los beneficios para el consumidor, B) Disminuir el costo total, C) Hacer ambas cosas: incrementar los beneficios y disminuir el costo total.

Importancia de la Percepción de “Valor”, en la Actualidad

Hoy en día, los mercadólogos están emprendiendo una carrera por la “creación de valor”; el cual, se extiende más allá de sólo ofrecer los precios más bajos del mercado. Esta nueva tendencia se produce porque han comprendido que para el cliente, valor significa mucho mas que la cantidad de dinero cobrada por un producto [3].

Otra prueba de la creciente importancia que viene teniendo el concepto de “valor percibido por el cliente” es que varias empresas lo están considerando como una “variable” a usar para fijar los precios de sus productos o servicios. Por ejemplo, existen productos cuyo principal beneficio (bajo la percepción de sus clientes) es el status; por tanto, su precio será más elevado que el precio promedio del mercado y sus servicios serán más especializados, solo para mantener ese beneficio psicológico en su público objetivo.

Conclusiones:

Las empresas que pretendan alcanzar el éxito en sus respectivos mercados, y no simplemente sobrevivir en ellos, requieren de una filosofía empresarial que la haga capaz de entregar un valor superior a sus clientes. No es tarea fácil… Y requiere de un cambio de mentalidad que le permita visualizar dos principios fundamentales:

  1. El buen conocimiento de sus clientes, competidores y del entorno
  2. Establecer vínculos de estrecha colaboración con sus empleados, proveedores, distribuidores y otros, para en conjunto, brindarle a sus clientes: un valor superior [2].

 

 

Fuentes Consultadas:

[1]: Del libro: Fundamentos del marketing, de Philip Kotler y Gary Armstrong, 6ta Edición, Págs. 8 y 9.
[2]: Del libro: Dirección de mercadotecnia, de Philip Kotler, 8va Edición, Págs. 92, 36.
[3]: Del libro: Fundamentos del marketing, de Stanton, Etzel y Walker, 13va edición, Pág. 14.

http://www.promonegocios.net/mercadotecnia/valor.htm