Es la teoría más comúnmente recogida en los manuales de microeconomía. Y entre los supuestos más fuertes están:

  1. Las preferencias del consumidor pueden modelizarse como una función de utilidad U convexa y al menos dos veces diferenciable.
  2. Las funciones de utilidad no varían en el proceso de consumo, esto tiene el efecto de que el consumidor se comporta igual que si antes de consumir nada decidiera como distribuir la renta disponible (en lugar de ajustar adaptativamente el consumo a medida que gasta la renta disponible.

De acuerdo con estas asunciones, fijado un nivel de precios un consumidor perfectamente racional consumirá cantidades de cada bien de tal manera que la utilidad total sea la máxima posible compatible con la renta disponible. Es decir, un consumidor racional consumiría cantidades de bienes (Q_1^*,\dots,Q_n^*) de tal manera se cumpla:

U(Q_1^*,\dots,Q_n^*) = \max_{(Q_1,\dots,Q_n)\in \mathcal{R}} U(Q_1,\dots,Q_n)

Donde el conjunto se refiere al conjunto de valores a los que afecta la restricción presupuestaria:

\mathcal{R} = \{(Q_1,\dots,Q_n)\in \R_+^n|\ P_1Q_1+\dots+P_nQ_n = Y_d \}

Donde:

(P_1,\dots,P_n) \in \R_+^n es el vector de precios (positivos) de los n bienes de la economía.
Y_d\, es la renta disponible del individuo para el consumo.

Consecuencias

  • Los supuestos anteriores implican que existe una curva de demanda continua para cada consumidor.
  • Los supuestos anteriores implican que no existen bienes insubstituibles, es decir, que una disminución en el consumo de un bien, puede ser compensada con un mayor consumo de otros bienes. Esta consecuencia ha sido criticada, argumentando que ciertos bienes, como algunos alimentos, son necesarios y no son intercambiables por una mayor cantidad de ocio por ejemplo.